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La terapia complementaria o alternativa, a la medicina tradicional, utiliza métodos y prácticas basados en la sanación energética para restablecer y balancear los campos de energía humana. De esta forma, crea las condiciones óptimas necesarias para el sistema de sanación natural del cuerpo (VanderVaart et al., 2009). El interés en su uso continua aumentando entre individuos, pacientes, proveedores de servicios de salud y enfermeras para promover enfoques para la sanación de los pacientes y la autosanación (Senthil et al., 2014). Este tipo de terapia tiene un enfoque holístico, es no invasiva y menos costosa que los tratamientos tradicionales.
Aunque el uso de las terapias complementarias se ha popularizado recientemente, las mismas han existido en las culturas orientales y occidentales durante miles de años. Múltiples culturas han descrito el concepto de energía sutil y sus métodos de sanación. Conceptos de energía vital como el prana en la India, el ch'i en China o el qi en Japón, todos se refieren a las llamadas energías sutiles o no físicas que permean la existencia y tienen efectos específicos sobre el cuerpo-mente de todos los seres conscientes (Jain y Mills, 2009). Dentro del espectro de terapias complementarias o alternativas podemos encontrar el Reiki, un método de sanación milenario, redescubierto por el doctor japonés Mikao Usui, a principios de los 1900's. El Reiki es una forma de sanación energética que utiliza la imposición de las manos, justo encima del cuerpo o ligeramente sobre el cuerpo. La palabra Reiki proviene del sánscrito y significa energía universal (Rei) y energía vital (Ki). La práctica de Reiki asume que el practicante tiene una presencia meditativa y permite que la energía fluya hacia donde el paciente la necesita (VanderVaart et al., 2009). El Reiki es ampliamente utilizado para aliviar el dolor, especialmente el dolor postoperatorio, para reducir la ansiedad y la depresión. Aunque la investigación empírica sobre la eficacia de estas terapias es relativamente reciente, existe evidencia que sugiere que el Reiki, como terapia energética, aumenta la relajación y puede ser efectivo para reducir el dolor y la ansiedad (Thrane y Cohen, 2013; VanderVaart et al., 2009). Los practicantes de Reiki pasan por un proceso de aprendizaje en tres niveles, aunque a veces el tercer nivel se puede dividir en dos partes. En el Nivel 1 de Reiki, el maestro ayuda al practicante a recuperar las habilidades curativas naturales del cuerpo; en el Nivel 2 se enseña la comprensión del flujo energético; y el Nivel 3, el nivel del Maestro, se enfoca en el desarrollo interno y en el desarrollo de la conciencia espiritual, así como en el desarrollo de las habilidades necesarias para enseñar este trabajo a otros estudiantes de Reiki. Además, el proceso de sintonización o iniciación del practicante permite que la energía de Reiki fluya hacia el paciente (VanderVaart et al., 2009). El Reiki es practicado en reconocidos entornos clínicos, hospitales y en centros de bienestar en Estados Unidos, el Reino Unido y el mundo. Pamela Miles (2017) menciona algunos hospitales en los Estados Unidos donde se ofrecen terapias de Reiki: Memorial Sloan Kettering Cancer Center, NY-Presbyterian Hospital de la Universidad de Columbia, Yale New Haven Hospital, Dana-Farber/Harvard Cancer Center, Abrasion Cancer Center de la Universidad de Pennsylvania, John Hopkins Hospital and Health System, George Washington University Hospital, M.D. Anderson Cancer Center y el California Pacific Medical Center.
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