El país que celebramos y el país que vivimos. La crisis del agua que no debería sorprendernos16/6/2026 Personas cargan agua en San Juan porque el sistema llevaba tres días sin funcionar, 1942. La imagen no presenta la crisis actual como algo nuevo, sino como una fragilidad histórica que, a estas alturas, no debería repetirse. Foto: Jack Delano, 1942. Colección Museo de Historia, Antropología y Arte, Universidad de Puerto Rico. El verano pasado, con la residencia de Bad Bunny, Puerto Rico apareció por semanas en titulares, redes sociales y conversaciones dentro y fuera de la isla como destino cultural, musical y turístico. Este verano, la realidad es otra. Más de 100,000 abonados en San Juan, Bayamón, Guaynabo, Caguas, Carolina y otros municipios enfrentan interrupciones en el servicio de agua potable: algunos sin agua, otros con un suministro irregular. En las zonas turísticas, restaurantes amanecen cerrados y cuelgan letreros en las puertas: "Cerrado por falta de agua." Y en muchas comunidades, los adultos mayores con movilidad limitada no tienen cómo ir a buscar agua. Para ellos, la crisis no es un inconveniente: es una emergencia. No es un problema nuevo ni aislado. La fotografía de Jack Delano de 1942 nos recuerda que la falta de agua lleva mucho tiempo afectando a comunidades pobres y sectores desatendidos en Puerto Rico. Entonces, como tantas veces después, muchas familias tenían que buscar, cargar o almacenar agua para resolver necesidades básicas. Esa imagen podría parecer lejana, pero resulta demasiado cercana: a estas alturas, el acceso al agua potable no debería depender de quién cuenta con cubos, galones, tanques o cisternas. Y, sin embargo, así seguimos. Lo que ha cambiado este verano no es el problema, sino su alcance. Una crisis que durante años pudo pasar desapercibida para muchos aparece ahora en el centro de la ciudad, en las zonas turísticas, en las puertas de los restaurantes y en las filas frente a los camiones de agua potable. Esa visibilidad obliga a mirar la fragilidad de la infraestructura sobre la que descansa la vida cotidiana del país. La crisis expone algo más profundo que una avería técnica. Puerto Rico ha apostado por un modelo donde el turismo y los titulares se presentan como señales de vitalidad económica. Pero ese modelo se apoya en una infraestructura sin mantenimiento suficiente y un sistema de agua que falla una y otra vez. El turismo puede llenar hoteles y generar ingresos, pero no puede sustituir el agua que todos necesitamos para vivir y para que la economía pueda funcionar. Cuando la zona turística se queda sin agua y los restaurantes cierran, ya no estamos hablando de una metáfora. Estamos viendo las consecuencias de una política pública fallida. "No me quiero ir de aquí" no habla solo de orgullo o de pertenencia. También plantea una pregunta que este verano se vuelve urgente: ¿qué condiciones hacen posible quedarse en un país donde los servicios esenciales fallan constantemente? Hablar de Puerto Rico con orgullo no es suficiente. Exige también nombrar lo que no funciona y reclamar responsabilidades concretas. El acceso al agua potable no es un privilegio ni un bien negociable: es un derecho humano reconocido internacionalmente, y garantizarlo es una obligación del Estado. Los conciertos, los titulares y las temporadas turísticas no pueden reemplazarlo; también dependen de ese acceso. Una infraestructura confiable es precisamente la base sobre la que se sostiene cualquier economía. Garantizar el agua no es opcional: es la responsabilidad más urgente que tiene el país con su gente. Ivonne Díaz Rodríguez, Junio 2026
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