IVONNE DIAZ RODRIGUEZ, PHD
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¿Qué pasaría si Puerto Rico pensara su economía desde el bienestar?

27/5/2026

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Plaza Colón, Mayagüez: punto de partida para pensar una economía del bienestar desde el oeste de Puerto Rico.

Puerto Rico no carece de diagnósticos. Tenemos informes fiscales, auditorías, estudios académicos, reportajes investigativos, planes de reconstrucción y propuestas de desarrollo. Sabemos mucho sobre nuestras crisis: pobreza persistente, fragilidad energética, emigración, dependencia de fondos federales. Sabemos también del deterioro de servicios públicos, de la desigualdad territorial y de la falta de confianza institucional.

La dificultad está, más bien, en convertir ese conocimiento en acción sostenida.
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Por eso vale la pena hacer una pregunta distinta. No solo: ¿cuánto crece la economía? Tampoco únicamente: ¿cuántos fondos llegan? La pregunta más importante podría ser: ¿qué capacidades crea nuestra economía para que las personas puedan vivir mejor en Puerto Rico?

Desde ahí parte la economía del bienestar.

Pensar desde el bienestar implica evaluar la economía por sus efectos reales sobre la vida cotidiana: acceso a energía confiable, agua, alimentos, salud, educación, vivienda, empleo digno, participación democrática, seguridad comunitaria y resiliencia ante huracanes, apagones y crisis fiscales. También implica reconocer que no todo crecimiento produce bienestar, y que no toda inversión fortalece al país si el valor generado no se queda en el territorio, no llega a quienes más lo necesitan ni fortalece las capacidades locales.

Desde esta perspectiva, Puerto Rico enfrenta un círculo difícil: restricciones políticas y económicas limitan la capacidad de diseñar un modelo propio; la dependencia de transferencias, importaciones y enclaves reduce la producción local; la debilidad institucional facilita la captura de recursos; la burocracia paraliza la ejecución; y la falta de oportunidades empuja a jóvenes y profesionales a emigrar. Cada problema alimenta al siguiente.

​Romper ese círculo exige actuar en varios niveles a la vez. Harían falta, al menos, tres palancas.

Tres palancas para un cambio real

La primera es reconstruir la capacidad institucional. No basta con más supervisión externa si el Estado pierde memoria, personal técnico y continuidad. Puerto Rico necesita instituciones capaces de ejecutar, aprender, coordinar y rendir cuentas. Eso incluye fortalecer municipios, profesionalizar el servicio público y reconocer el trabajo de organizaciones comunitarias que ya sostienen servicios esenciales.

La segunda es construir una economía generadora de valor propio. Esto no significa rechazar fondos federales ni inversión externa. Significa usarlos para reducir dependencia y fortalecer sectores con arraigo local: energía comunitaria, soberanía alimentaria, economía del cuidado —el trabajo de sostener la vida en hogares y comunidades—, cooperativas, encadenamientos productivos y proyectos que creen empleo no deslocalizable. Una economía del bienestar no se pregunta solo cuánto produce un sector, sino quién controla el valor, quién se beneficia y qué vulnerabilidades reduce.

​La tercera es democratizar la información y la rendición de cuentas. Sin datos públicos claros, sin educación económica ciudadana y sin espacios de participación, la transparencia se queda corta. La ciudadanía necesita herramientas para entender presupuestos, contratos, fondos e indicadores. La rendición de cuentas no debería llegar solo después del daño; debe formar parte de la vida democrática cotidiana.
​"Una economía del bienestar no se pregunta solo cuánto produce un sector, sino quién controla el valor, quién se beneficia y qué vulnerabilidades reduce."
Estas ideas no son solo una reflexión abstracta. En la Universidad de Puerto Rico en Mayagüez ya han comenzado a tomar forma en experiencias docentes y estudiantiles. Desde el curso Economía para el Bienestar y Sostenibilidad (ECON 3026), creado en 2023, estudiantes han trabajado proyectos sobre indicadores de bienestar, economía regenerativa, energía, sostenibilidad y desarrollo local. De proyectos desarrollados en 2025 surgió RegenPR, un grupo interdisciplinario de estudiantes de Ingeniería, Artes y Ciencias, y Administración de Empresas que busca investigar y documentar iniciativas e indicadores económicos para la región oeste de Puerto Rico, comenzando con Mayagüez.

Este tipo de experiencia muestra algo importante: cuando se les ofrece a los estudiantes un marco distinto al del crecimiento convencional, pueden conectar la teoría económica con problemas reales de comunidades, municipios y territorios. La economía se vuelve una herramienta para discutir cómo queremos vivir, qué debemos cuidar y qué instituciones necesitamos.

Pensar la economía de Puerto Rico desde el bienestar no significa abandonar preguntas sobre productividad, inversión o crecimiento. Significa ponerlas en otro orden. Primero, debemos preguntar qué capacidades queremos fortalecer. Luego, qué políticas, instituciones y sectores económicos pueden sostenerlas.
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Esa conversación hace falta: menos administrar la precariedad y más construir capacidades para vivir mejor.

Esta entrada forma parte de una reflexión académica más amplia en desarrollo sobre economía del bienestar, capacidad institucional y transformación económica en Puerto Rico.
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    Autora

    Ivonne del C. Díaz
    Catedrática de Economía
    UPR-RUM


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